lunes, 18 de julio de 2011

“Jamás hubo una guerra justa, jamás hubo una guerra honrosa, por la parte de su instigador. Yo miro en lontananza un millón de años más allá, y esta norma no se alterará ni siquiera en media docena de casos. El puñadito de vociferadores (como siempre) pedirá a gritos la guerra. Al principio (con cautela y precaución) el púlpito pondrá dificultades; la gran masa, enorme y torpona, de la nación se restregará los ojos adormilados y se esforzará por descubrir el por qué tiene que haber guerra y dirá con ansiedad e indignación: -Es una cosa injusta y deshonrosa, y no hay necesidad de que la haya-. Pero el puñado vociferará con mayor fuerza todavía. En el bando contrario, unos pocos hombres bienintencionados argüirán y razonarán contra la guerra valiéndose del discurso y de la pluma, y al principio habrá quien les escuche y les aplauda; pero eso no durará mucho; los otros ahogarán su voz con sus vociferaciones y el auditorio enemigo de la guerra se irá raleando y perdiendo popularidad. Antes que pase mucho tiempo verás este hecho curioso: los oradores serán echados de las tribunas a pedradas, y la libertad de palabra se verá ahogada por unas hordas de hombres furiosos que allá en sus corazones seguirán siendo de la misma opinión que los oradores apedreados (igual que al principio), pero que no se atreven a decirlo. Y, de pronto, la nación entera (los púlpitos y todo) recoge el grito de guerra y vocifera hasta enronquecer, y lanza a las turbas contra cualquier hombre honrado que se atreva a abrir su boca; y finalmente, esa clase de bocas acaba por cerrarse. Acto continuo, los estadistas inventarán mentiras de baja estofa, arrojando la culpa sobre la nación que es agredida, y todo el mundo acogerá con alegría esas falsedades para tranquilizar la conciencia, las estudiará con mucho empeño y se negará a examinar cualquier refutación que se haga de las mismas; de esa manera se irán convenciendo poco a poco de que la guerra es justa y darán gracias a Dios por poder dormir más descansados después de este proceso de grotesco engaño de sí mismos”. (Mark Twain: El forastero misterioso, Cap. IX).

‎"Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a verlas porque ellas ni se molestan."

domingo, 17 de julio de 2011

Árbol de la esperanza mantente firme

Una iguana se cayo de arriba de una escalera 
Del porrazo que llevo se lastimo las caderas 
Iguana mía para donde vas? 
Que voy para el pueblo de soledad 
Será mentira o será verdad 
Que en ese pueblo no hay novedad 
Que si lo oyera seria casualidad 
Que si no lo pompea 
Que no lo pompea 
Pone su huevito y no cacaraquea 
Se mete al hoyito para que no la vean 
Se mira en el espejo 
Pero esta muy fea 
Haga usted lo mismo para que lo crea 
A la gea gea gea gea 

Una iguana se cayo de arriba de una escalera 

Una iguana se cayo de la rama de un amate 
Del porrazo que llevo se revento los tomates 
Iguana mía para donde vas? 
Que voy para el pueblo de soledad 
Será mentira o será verdad 
Que en ese pueblo no hay novedad 
Que si lo oyera seria casualidad 
Que si no lo pompea 
Que no lo pompea 
Que se sube a un palo 
Que no sapea 
Pone su huevito y no cacaraquea 
Se mete al hoyito para que no la vean 
Saca sus patitas, como que patea 
Saca su colita, como que colea 
Saca sus uñitas, como que te uñea 
Saca su cabeza, como cabecea 
Saca sus ojitos, como que te ojea 
Saca su orejita, como que orejea 
A la gea gea gea gea 
Una iguana se cayó de la rama de un amate

sábado, 16 de julio de 2011

Me gusta el mambo como ayer a la noche
aunque al día siguiente no exista
me gusta el mambo tirándome por el piso
y olvidarme de todo.

Por eso el mambo es importante
alivia los sentimientos
abre la puerta a la locura
que todo lo cura
o lo alivia un poco.

Cada uno tiene un mambo que lo está esperando
para bailarlo polenta un día cualquiera
que alguien pague los platos rotos
cuando al día siguiente.
El mambo no es para cualquiera
tiene que aguantar la cadera



andres Calamaro

jueves, 14 de julio de 2011

Desde el punto de vista del sur, el verano del norte es invierno. 
Desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía. 
Donde los hindúes ven una vaca sagrada, otros ven una gran hamburguesa. 
Desde el punto de vista de Hipocrates, Galeno, Maimonides y Paracelso, 
existía una enfermedad llamada indigestión, pero no existía una enfermedad llamada hambre. 
Desde el punto de vista de sus vecinos del pueblo de Cardona, el Toto Zaugg, que andaba con la misma ropa en verano y en invierno, era un hombre admirable: 
-El Toto nunca tiene frío -decían. 
El no decía nada. Frío tenia, pero no tenia abrigo. 
Desde el punto de vista del búho, del murciélago, del bohemio y del ladrón, el crepúsculo es la hora del desayuno. 
La lluvia es una maldición para el turista y una buena noticia para el campesino. 
Desde el punto de vista del nativo, el pintoresco es el turista. 
Desde el punto de vista de los indios de las islas del mar Caribe, Cristóbal Colon, con su sombrero de plumas y su capa de terciopelo rojo, era un papagayo de dimensiones jamás vistas. 
Desde el punto de vista del oriente del mundo, el día del occidente es noche. 
En la India, quienes llevan luto visten de blanco. 
En la Europa antigua, el negro, color de la tierra fecunda, era el color de la vida, y el blanco, color de los huesos, era el color de la muerte. 
Según los viejos sabios de la región colombiana del Choco, Adán y Eva eran negros y negros eran sus hijos Cain y Abel. Cuando Cain mato a su hermano de un garrotazo, tronaron las iras de Dios. Ante las furias del señor, el asesino palideció de culpa y miedo, y tanto palideció que blanco quedo hasta el fin de sus días. Los blancos somos, todos, hijos de Cain.
Si Eva hubiera escrito el Génesis, ?como seria la primera noche de amor del genero humano? Eva hubiera empezado por aclarar que ella no nació de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios nunca le dijo que parirás con dolor y tu marido te dominara. Que todas esas son puras mentiras que Adán contó a la prensa.
Si las Santas Apostolas hubieran escrito los Evangelios, ¿como seria la primera noche de la era cristiana?
San José, contarían las Apostalas, estaba de mal humor. El era el único que tenia cara larga en aquel pesebre donde el niño Jesús, recién nacido, resplandecía en su cuna de paja. Todos sonreían: la Virgen María, los angelitos, los pastores, las ovejas, el buey, el asno, los magos venidos del Orientey la estrella que los había conducido hasta Belén de Judea.
Todos sonreían, menos uno. San José, sombrío, murmuro:
-Yo quería una nena.
En la selva, ¿llaman ley de la ciudad a la costumbre de devorar al mas débil?
Desde el punto de vista de un pueblo enfermo, ¿que significa la moneda sana?
La venta de armas es una buena noticia para la economía, pero no es tan buena para sus difuntos.
Desde el punto de vista del presidente Fujimori, esta muy bien asaltar al Poder Legislativo y al Poder Judicial, delitos que fueron premiados con su reelección, pero esta muy mal asaltar una embajada, delito que fue castigado con una aplaudida carnicería. 

Eduardo Galeano
Al quinto día y también en relación con el cordero, me fue revelado este otro secreto de la vida del principito. Me preguntó bruscamente y sin preámbulo, como resultado de un problema largamente meditado en silencio: 

-Si un cordero se come los arbustos, se comerá también las flores ¿no? 
-Un cordero se come todo lo que encuentra. 
-¿Y también las flores que tienen espinas? 
-Sí; también las flores que tienen espinas. 
-Entonces, ¿para qué le sirven las espinas? 

Confieso que no lo sabía. Estaba yo muy ocupado tratando de destornillar un perno demasiado apretado del motor; la avería comenzaba a parecerme cosa grave y la circunstancia de que se estuviera agotando mi provisión de agua, me hacía temer lo peor. 

-¿Para qué sirven las espinas? 

El principito no permitía nunca que se dejara sin respuesta una pregunta formulada por él. Irritado por la resistencia que me oponía el perno, le respondí lo primero que se me ocurrió: 

-Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores. 
-¡Oh! 

Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor: 

-¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas… 

No le respondí nada; en aquel momento me estaba diciendo a mí mismo: "Si este perno me resiste un poco más, lo haré saltar de un martillazo". El principito me interrumpió de nuevo mis pensamientos: 

-¿Tú crees que las flores…? 
-¡No, no creo nada! Te he respondido cualquier cosa para que te calles. Tengo que ocuparme de cosas serias. 

Me miró estupefacto. 

-¡De cosas serias! 

Me miraba con mi martillo en la mano, los dedos llenos de grasa e inclinado sobre algo que le parecía muy feo. 

-¡Hablas como las personas mayores! 

Me avergonzó un poco. Pero él, implacable, añadió: 

-¡Lo confundes todo…todo lo mezclas…! 

Estaba verdaderamente irritado; sacudía la cabeza, agitando al viento sus cabellos dorados. 

-Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho más que sumas. Y todo el día se lo pasa repitiendo como tú: "¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!"… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo! 

-¿Un qué? 
-Un hongo. 

El principito estaba pálido de cólera. 

-Hace millones de años que las flores tiene espinas y hace también millones de años que los corderos, a pesar de las espinas, se comen las flores. ¿Es que no es cosa seria averiguar por qué las flores pierden el tiempo fabricando unas espinas que no les sirven para nada? ¿Es que no es importante la guerra de los corderos y las flores? ¿No es esto más serio e importante que las sumas de un señor gordo y colorado? Y si yo sé de una flor única en el mundo y que no existe en ninguna parte más que en mi planeta; si yo sé que un buen día un corderillo puede aniquilarla sin darse cuenta de ello, ¿es que esto no es importante? 

El principito enrojeció y después continuó: 

-Si alguien ama a una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones de estrellas, basta que las mire para ser dichoso. Puede decir satisfecho: "Mi flor está allí, en alguna parte…" ¡Pero si el cordero se la come, para él es como si de pronto todas las estrellas se apagaran! ¡Y esto no es importante! 
No pudo decir más y estalló bruscamente en sollozos. 

La noche había caído. Yo había soltado las herramientas y ya no importaban nada el martillo, el perno, la sed y la muerte. ¡Había en una estrella, en un planeta, el mío, la Tierra, un principito a quien consolar! Lo tomé en mis brazos y lo mecí diciéndole: "la flor que tú quieres no corre peligro… te dibujaré un bozal para tu cordero y una armadura para la flor…te…". No sabía qué decirle, cómo consolarle y hacer que tuviera nuevamente confianza en mí; me sentía torpe. ¡Es tan misterioso el país de las lágrimas! 

El Principito -

lunes, 11 de julio de 2011

‎"El Himno a la Naturaleza" o "Himno a la Alegría" 

'Se derrama la alegría para los seres
por todos los senos de la Naturaleza.
todos los buenos, todos los malos,
siguen su camino de rosas[...]
Alegres como vuelan sus soles,
A través de la espléndida bóveda celeste,
Corred, hermanos, seguid vuestra ruta
Alegres, como el héroe hacia la victoria.'

Beethoven quiso cantar esos acordes la primera primavera del mundo; la emoción religiosa del hombre ante el despertar de la Naturaleza. Un canto de vida y de fecundidad, de esperanza. 
-Prohibido Suicidarse en Primavera- Alejandro Casona.
 unarubialocabailabahastaelamanecer
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Alejandra Pizarnik
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domingo, 3 de julio de 2011

¿No los odias?, ¿esos silencios incómodos?. ¿Por qué necesitamos decir algo para rellenarlos?. Es por eso que sabes que has encontrado a alguien especial. Puedes estar callado durante un puto minuto y disfrutar del silencio.


Pulp Fiction